“RICHARD
BONA: MANDEKAN CUBANO” CONCIERTO
En la sala del ADDA de Alicante
No
conocía su música y, desde luego, agradezco la iniciativa de la persona que me
incitó a asistir al concierto porque ha sido una experiencia musical intensa.
El
inicio, con “Jokoh Jokoh”, Bona como
solista y haciendo el coro los 3 percusionistas, ya revela lo que será el resto
del concierto: ritmos (multi ritmos) afro-caribeños, esos que te mueven y se
cuelan en el interior como una corriente energizante.
Y,
curiosamente, ese ritmo no impide que se tenga una cierta sensación
lírico-melancólica en muchos momentos. Creo que esa es la principal cualidad
del concierto de hoy.
Tal
vez sea:
Porque
la voz de Bona tiene un timbre claro, íntimo, cálido.
Porque
es un showman intenso, elegante y sobrio.
Porque
la lengua duala, su lengua natal en Camerún, nos sumerge en el misterio
fonético de otras culturas.
Porque
la orquesta combina magistralmente los fortíssimos y los pianíssimos
demostrando una gran sensibilidad para matizar.
Momentos
a destacar:
Bona
es un maestro de ceremonias, un hechicero, que rapta al auditorio. El momento
en que lanza una frase melódica corta e invita al público a repetirla. El
público la repite. Pero va cambiando de tonalidad, desde los agudos más imposibles
hasta las cavernas de los graves…y el público lo intenta, lo intentamos, en un
juego que nos pone a prueba y que viene a transformarse en un enlace casi
físico de todo el aforo.
El
experimento electro-musical en el que Bona interpreta una frase musical que
queda grabada y a la que va añadiendo variaciones que se suman a las
anteriores, usando falsetes increíbles, y con gestos y movimientos de
complicidad con el auditorio en otra forma de juego.
El
canto a capella que nos regaló.
Y
los espontáneos participantes: Primero, hacia mitad de concierto, aparecen en
un pasillo dos personas que bailan siguiendo el ritmo, después en uno de los
palcos, y finalmente los pasillos se abarrotan de gente que baila. Claro que al
final Bona invitó a todo el auditorio a levantarse de la butaca y moverse con
la música, como así ocurrió.
En
fin, un espectáculo de todo música que te deja bien, hasta un poco más feliz, y
del que sales con la sensación de haber participado en un acto MULTICULTURAL
real de enriquecimiento por la diversidad.
Los
músicos de la banda, excelentes intérpretes, avalan lo expresado anteriormente:
Osmany Paredes, al piano, cubano; a la percusión Luisito Quintero y Roberto
Quintero, venezolanos; a la batería Ludwig Afonso, cubano; Dennis Hernández a
la trompeta, cubano; al trombón Rey David Alejandre, de México; Richard Bona
solista y al bajo, de Camerún.
Muy
recomendable. Es bueno para la salud.
-MAY
IBÁÑEZ-
Julio
2017