“Stefan Sweig: adiós a Europa” 2016
Dirección
Maria Schrader , con Josef Hader, Aenne Schwarz, Barbara Sukova.

El formato, un biopic (biografía dramatizada en cine), ayuda a integrarte en la historia; es como abrir un libro e ir pasando páginas en completa intimidad.
Descubrimos al personaje a través de sus periplos en las dos Américas.
Su encuentro con Brasil y el deslumbramiento, la admiración, al observar cómo conviven diferentes razas, religiones, culturas… sin fricción, en un entorno que calificó como de “paraíso”.
Su participación, en 1936, en el 14º Congreso de novela, poesía, ensayo, de Buenos Aires.
La entrevista con periodistas venidos de todo el mundo es un fragmento intenso y magnífico de la película.
Sorprende la indefinición del escritor respecto a la situación por la que pasa Europa, en pleno crecimiento de movimientos totalitarios, fascismo, nacismo, y por lo que él la abandonó. Ante la insistencia de los periodistas por conocer su posicionamiento él parece estar en una torre de cristal, obcecado en afirmar que la función del artista es su creación y no debe juzgar las circunstancias por las que pasen los países. Y resulta más sorprendente porque él siempre se declaró antibelicista.

La secuencia de la recepción del alcalde de un pequeño pueblo en Brasil aporta un desahogo en la tensión que conlleva el capítulo anterior.
El encuentro, en 1941 en Nueva York, con su exmujer, Friderike, con la que estuvo casado desde 1920 a 1938 supone una inflexión en la toma de conciencia de la situación europea. La mujer, recién huida de Europa tras pasar tremendas vicisitudes hasta llegar a EEUU, le describe la realidad: deportación, muerte, persecución. La película refleja muy bien cómo el escritor entiende e interioriza, al fin, la dimensión de lo que está ocurriendo, y preludia lo que será su final.
Un acierto en las localizaciones: las plantaciones de caña de azúcar, la sala de Congresos, las calles de Nueva York atestadas de nieve, el ambiente de la ciudad de Petrópolis…
La interpretación actoral magnífica tanto en los personajes principales como en todos los secundarios; a destacar la del actor que encarna a Stefan S. y la de la actriz que representa a su exmujer. Acertar en el casting es la base del éxito tanto en teatro como en cine, y aquí se ha logrado, ha sido una selección perfecta.
Y, en fin, terrible ese final, relatado con dignidad y respeto pero que cuesta entender… ¿Cómo involucra en él a su segunda mujer, Lotte, con 34 años, una chiquilla…? él tenía 60… Claro, que ignoramos cómo llegaron a esa decisión…
Magnífica película: la puesta en escena, la ambientación, el vestuario, la INTERPRETACIÓN, el ritmo, la toma de planos, el guión…
Por supuesto, la recomiendo.
-MAY IBÁÑEZ -
Abril 2017